Lo que hace especial a un país o a una comunidad son sus costumbres, sus maneras de ser… ¿No? Si no, estar en Buenos Aires, Quito, Lima o Madrid sería lo mismo, y todos sabemos que no es así. La primera peculiaridad que tenemos respecto a nuestros compañeros de Centro América y el Cono Sur es la forma de dirigirnos a los demás. Algunos dicen que los españoles somos un poco brutos porque hablamos a gritos y hemos dejado a un lado el uso del usted; sobre todo en las nuevas generaciones. Y es verdad, somos bastante más directos que en Latinoamérica, pero si nos das una oportunidad… ¡También descubrirás lo tiernos y divertidos que somos! Veámoslo más a fondo:

REGISTROS Y VOCABULARIO

En esto de dirigirse a la gente, una de las cosas que más llama la atención, más que nada si eres norteamericano, es el uso del vosotros cuando se trata de hablarle a un grupo de personas. En Latinoamérica recurren al ustedes para hacer la segunda persona del plural, pero aquí solo usamos esa forma en situaciones formales. Bueno, excepto los canarios, que son tan únicos que, siendo españoles, recurren también a la conjugación formal propia de Suramérica.

Aun así, no vayas a pensar que somos unos maleducados. También sabemos cuándo hay que cambiar el registro, decir «Hola, buenos días», o pedir las cosas por favor… ¡Y no! ¡No nos colamos en el supermercado! Somos buena gente y solemos recurrir a un: «disculpe, ¿es usted el último?» (colarse es propiedad de los jubilados). Así que lo que realmente nos diferencia de otras culturas hispanohablantes es, en esencia, la jerga, sobre todo la de los más jóvenes… «¿Y eso por qué?» – te preguntarás. Muy sencillo:

En el lenguaje informal, es decir, a la hora de dirigirnos a personas con las que tenemos una relación estrecha o cierto grado de confianza, usamos, por lo general, palabras como ‘tío’ o ‘pavo’; pero también usamos estas palabras para hablar de alguien que no conocemos con alguien que sí es nuestro amigo.

Un pavo

Si pones atención a alguna conversación de algún grupo de jóvenes españoles podrás oír cosas como:
– «Yo qué sé, pavo… ¿Has visto al tío ese?» o «¿Qué tal, tío? ¿Al final hablaste con el pavo aquel?»…
Simplemente lenguaje coloquial, ¿no? Pero cuando un extranjero se detiene por un momento a pensar en qué significan esas dos palabras, resulta muy extraño.

 (“Tío” = uncle, and “pavo” = turkey)

 

Ahora que sabes esto, ¡no vayas a pensarte que todos los españoles estamos emparentados o que vivimos en una granja!

Aparte de estas dos palabras, tenemos muchas otras que pueden resultar curiosas para los que nos visitan. Por ejemplo: ‘molar’, la palabra estrella para decir que algo nos gusta. Es interesante ahondar en la procedencia de la misma, pues su origen dice mucho de nuestra cultura. ‘Molar’ proviene del caló, que es la lengua que utilizaban y aún utilizan en algunas regiones los miembros de la etnia gitana. ¿Y por qué decimos que dice mucho de nuestra cultura? Porque, como ya sabrás y podrás comprobar si recorres un poco España, nuestro país está repleto de gitanos, cultura a la que, además, le debemos otras muchas palabras como ‘parné’ (dinero), ‘palmarla’ (morirse), ‘pirarse’ (irse) o ‘chachi’ (genial); así como grandes artistas musicales como Paco de Lucía o Camarón de la Isla.

¿CÓMO SOMOS LOS ESPAÑOLES?

Si ya llevas un tiempo por aquí, te habrás dado cuenta de cómo somos. Si no, te lo contamos nosotros. Es verdad que no todos somos iguales, en el norte solemos ser más retraídos e introvertidos, pero cuando llegas a nuestro interior, tienes un amigo de por vida; por el contrario, a medida que vas yendo hacia el sur, el carácter es más alegre y extrovertido, pero quizá resulta más difícil estrechar lazos. Sin embargo, la tónica general es el buen rollo que desprendemos; siempre con ganas de conocer gente y salir por ahí. Ya sabes lo que se dice sobre la fiesta española. Pero también sabemos ser gente relajada y disfrutar de los pequeños placeres de la vida; por ejemplo, cuando empieza a salir el sol de la primavera, y sobre todo en verano, bajar a la calle es sinónimo de ver las terrazas de los bares a rebosar de grupos de amigos compartiendo unas cervezas y unas tapas tranquilamente. No hay nada mejor que eso cuando hace buen tiempo. Bueno, eso, y la playa.

Playa española

La playa nos encanta. En el interior, obviamente, no tenemos, pero la costa española es ancha y larga. Desde las frías aguas de las paradisiacas playas del Atlántico hasta las míticas y cálidas aguas de las playas del Mediterráneo (tan famosas que una de nuestras canciones más populares, del cantautor catalán Joan Manuel Serrat, lleva el nombre de su mar). ¡Y no nos olvidemos de los chiringuitos! La palabra playa en España está inevitablemente relacionada con este tipo de sitios: pequeños establecimientos, más o menos provisionales y que normalmente solo abren en verano, en donde se sirven alimentos y bebidas. Si pasas por alguna playa de Cádiz o Málaga busca un buen chiringuito donde comer algo de ‘pescaíto’ frito. ¡No te arrepentirás!

Pero en España no es todo jolgorio, música y resacas. Aunque no lo parezca, también sacamos tiempo para trabajar. Tenemos fama de ser un poco vagos, pero para nada. Lo que no nos gustan son las prisas. Nos alteran muchísimo y sacan lo peor de nosotros. Lo que buscamos es la calma. Por lo que si no quieres volverte loco, haz como nosotros, evita los funcionarios: esos trabajadores que ostentan cargos públicos y administrativos (taquilleros, trabajadores de correos o cualquier persona que se siente detrás de una ventanilla o mesa ancha). Sabrás a lo que nos referimos cuando tengas que comprar un billete de tren para ir a otra ciudad o renovar algún documento. Somos expertos en poner tantas trabas que la sola pronunciación de la palabra ‘burocracia’ nos aterroriza. Tanto es así que hasta uno de nuestros escritores más célebres, José de Larra, inmortalizó este singular problema en su famoso artículo titulado Vuelva usted mañana.

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Y este es un breve panorama de nuestro país, un país luminoso y amante del buen vivir, con sus inevitables sombras, pero con gente hospitalaria con muchas ganas de hacer nuevos amigos. Danos una oportunidad y, cuando te quieras dar cuenta, ya te habrás enamorado de cada rincón de nuestra geografía. ¡Acabarás siendo uno más y ya no querrás marcharte!